The Rebel

Iris Apfel

Icono. Individualista. Alquimista de accesorios.

Con esas monturas de firma estilo búho y el montón de brazaletes y cuentas que lleva, podría parecer una diva de otro planeta, pero  Iris Apfel tiene la intrépida actitud de alguien a quien no le importa el qué dirán. Infinitamente sabia en asuntos del amor y de la vida, esta nonagenaria neoyorquina cuyo estilo iconoclasta tiene su propia exposición en el Museo Metropolitano de Arte, participó el año pasado en el documental de Albert Maysles y tiene en su haber multitud de sesiones de fotografías, colaboraciones y aventuras en el mundo de la moda y la ropa. Desde su casa de Park Avenue, su lugar favorito del mundo, desarrolló su habilidad para mezclar prendas de alta costura con piezas de mercadillo mucho antes de convertirse en un icono de culto, gracias a las décadas en que viajó por el mundo con su difunto marido, en nombre de la empresa textil que ambos fundaron. Desarmante y encantadora a partes iguales, brillante e increíblemente brusca («Hombre, esa pregunta es bastante estúpida», salta en un momento dado), Apfel rompe con todas las reglas de la moda. Pero, ¿cómo mantiene esa sensación de asombro? «Creo que nací con dos grandes dones: la curiosidad y el sentido del humor», cuenta. Además, repone con un guiño: «¿Cuántas chicas de portada de 94 años conoces?”»

No me gustan las reglas porque creo que están para romperse

Iris, The Rebel

Sobre combinar las prendas
«No puedo describirlo, no suelo dar planes de actuación. Simplemente lo siento. A veces empieza con un accesorio, otras con unos zapatos, o con un vestido. Depende. Y luego es como tocar música jazz, improviso. Creo que las prendas combinan como si fueran notas musicales, y las pruebo y son planas, así que me las quito y vuelvo a empezar. Es divertido. Es un proceso creativo y no hay normas. Si no, sería tedioso y poco atractivo. No me obsesiona pero es fácil saber si estoy de buen humor o de mal humor: cuando estoy de malas mi atuendo no está tan cuidado como cuando estoy de buenas. Naturalmente, cuando das una mejor imagen de ti mismo, te sientes mejor».

Sobre romper con las reglas de la moda
«Considero que las reglas de la moda son estúpidas, porque depende de quién lo lleve y de cómo lo haga. No me gustan las reglas porque creo que están para romperlas. La gente debería ser original y probar cosas. Es decir, yo creo que el rosa, el rojo y el naranja combinan a la perfección. Y solo porque seas grueso no significa que no puedas ponerte rayas horizontales si están bien diseñadas.  Estaría bien que la gente se saliese un poco de la rutina y así no todo el mundo iría vestido igual».

Sobre ver el mundo a través de unas gafas
«Siempre me han fascinado las gafas. De pequeña me gustaba coleccionar cosas y me iba a curiosear a los mercadillos. Cada vez que veía un par de gafas interesante, lo compraba y lo guardaba en una caja. De vez en cuando, lo sacaba y me lo probaba. A veces, me las ponía y me parecían unos accesorios estupendos. Me los ponía sin lentes cuando no las necesitaba. Y luego, cuando me tuve que poner gafas, pensé “Bien, ¡voy a llevar gafas!” y me gustan extragrandes. Así que me las ponía y la gente siempre me preguntaba “¿por qué llevas unas gafas tan grandes?” Me parecía una pregunta inútil y respondía “¡para verte más grande!” Así se callaban».